Dormían los frutos en los árboles
hasta que la luz dibujó el día en su plumaje.
Frutos acurrucados, respirantes.

Bastó la claridad para inflarlos
y poner sus latidos en el horizonte, sobre los tejados,
descansando en los faroles.

Frutos alados
de gorjeo raudo,
pues poco demora en volar hasta nuestros oídos.

Hoy los árboles se me antojaban madres de vientres abiertos
dejando a sus frutos partir sin garantía de retorno.

 

Dibujo y escrito: Isabela Méndez ©

Dibujo: Tinta sobre papel teñido a mano ®

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