Una vez existió un hombre que le temía a sus huellas. Pensaba que la suerte no le acompañaba y que en cualquier momento podía cometer algún error, por el cual, más tarde, siguiendo sus pasos, le atraparan. El hombre decidió quedarse estático, para así librarse del peligro de LA ACCIÓN y, en especial, de la posibilidad de dejar vestigio.
Contrario a lo que él tramó, por causa de su inmovilidad echó raíces en aquel punto, para después enterarse de que las raíces son las huellas más poderosas. Huellas que primero se prolongan verticalmente y después hacia los lados.
Mirado y admirado por todos, el Hombre-Árbol recibe cada año miles de ojos curiosos que, al marcharse, dejan a su alrededor un campo de huellas interminables.
Este relato con su dibujo, fué publicado en la página 19 del Nº 60-61, correspondiente a Septiembre-Octubre de 2008, de «La Gaceta del Jueves» de Paris.
Dibujo: Técnica mixta.
Título del dibujo y escrito: El hombre que le temía a sus huellas © ®
Dibujo y escrito por Isabela Méndez
